¿Qué es el budismo?
El Budismo es el estudio y la práctica del Dharma, las enseñanzas que el buda histórico Sakyamuni dio a los seres para que pudieran reconocer la naturaleza de su mente.
Durante 45 años, enseñó distintos métodos a las personas que se acercaron a él de acuerdo con las necesidades y capacidades de éstas. Después de su muerte, sus estudiantes recopilaron las diferentes enseñanzas, las cuales dieron origen a distintas escuelas o linajes budistas que se esparcieron por Asia y, en los años setenta, llegaron a Occidente.
Cuando las personas le preguntaban al Buda por qué enseñaba, él respondía: "Enseño porque todos los seres buscan la felicidad y tratan de evitar el sufrimiento. Enseño las cosas como son". Tanto la palabra sánscrita dharma como el término tibetano chö que se utilizan para referirse a las enseñanzas budistas, significan "las cosas como son". El Buda no es un dios, sino un maestro, un ejemplo, un protector y un amigo; es el reflejo del potencial de nuestra propia mente. Sus métodos muestran claramente un camino a través del cual las personas pueden evitar el sufrimiento de manera conciente y lograr un estado mental de gran gozo y, al mismo tiempo, ayudar a otros a liberarse y a alcanzar la completa iluminación.
Las últimas palabras que pronunció el Buda describen la madurez y la responsabilidad que los seres deben tomar por su propio desarrollo. Dijo: "No crean en mis palabras sólo porque un Buda se las haya dicho, examínenlas ustedes mismos, sean la luz de su propio camino".
Karma significa “causa y efecto”, no destino. El Buda enseñó sobre karma para ayudarnos a entender que todo lo que experimentamos en nuestras vidas es resultado de aquello que dijimos, pensamos e hicimos en el pasado, y que nuestro futuro está determinado por nuestras acciones presentes. Esto significa que somos los responsables de nuestra propia vida y que tenemos plena libertad para generar concientemente las causas de nuestra felicidad futura y evitar de igual manera las causas del sufrimiento.
Liberación es el reconocimiento de que el cuerpo, los pensamientos y los sentimientos están cambiando continuamente y, por lo tanto, no existe una base sólida para aquello que llamamos “yo” o “ego”.
En este estado, uno deja de sentirse el blanco de todo y deja también de asumir el sufrimiento como algo personal. Cuando uno experimenta que “existe el sufrimiento” en lugar de “yo sufro”, uno se vuelve libre e invulnerable.
La iluminación es el siguiente paso y la verdadera meta. Aquí, la luz clara de la mente irradia a través de cada experiencia. Ya no existe una separación entre quien experimenta, el acto de experimentar y lo experimentado.
Cuando reconocemos la verdadera naturaleza de la mente --aquello que mira a través de nuestros ojos, escucha a través de nuestros oídos y es conciente de todo en cada momento--, la mente naturalmente expresa ausencia de miedo, gozo y compasión y reposa sin esfuerzo y de manera espontánea en lo que sea que suceda.
En el budismo, meditación significa “permanecer sin esfuerzo en lo que es”.
Este estado se puede lograr calmando y enfocando la mente, a través del trabajo con las energías internas o meditando en formas búdicas de energía y luz.
Pero el método más efectivo es la identificación con la propia naturaleza búdica, no sólo durante la práctica meditativa, sino también después de ésta, tal como se enseña en el Camino del Diamante.